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El último de los 40 asesinatos de doña Catalina de los Ríos. Relación escrita sobre documentos enteramente inéditos.

El último de los 40 asesinatos de doña Catalina de los Ríos. Relación escrita sobre documentos enteramente inéditos.
Institución
Museo Ciudadano Vicuña Mackenna
Autores
Benjamín Vicuña Mackenna
Fecha de publicación
Año 1884
Editores
Imprenta Victoria

Reseña 

Es un relato histórico y documental  publicado en 1884, basado en documentos inéditos y judiciales del siglo XVII, sobre el asesinato de la esclava Micaela la última de las victimas documentadas, llevado a cabo por Catalina de los Ríos, conocida como “La Quintrala”.

El autor describe el origen de Catalina de los Ríos de linaje Europeo (Español, Alemán) y raíces  indígenas por parte de  su abuela materna Agueda Flores nieta del cacique de Talagante y la retrata como una figura fría, calculadora, sádica y asesina.

La narración se centra en el brutal y cruel  asesinato de la esclava Micaela cometido en su propiedad, describiendo el proceso judicial y al igual que en otras oportunidades nunca fue condenada.  Su inmensa riqueza que le daba el poder, su posición social y contactos le permitieron eludir la justicia.

 

Fragmento

“Mas sobre todas las miserias y bajezas de la tierra, ha prevalecido siempre en medio ele la mísera humanidad, un poder invisible y vengador que castiga y que redime. Y así la horrible Quintrala, absuelta o simplemente aplazada por el capricho de sus jueces, arrastraba sus espantosos días en lecho de mil dolores, necesitando ayuda ajena para enderezar sus músculos ríjidos antes de morir, y cuando acababan de cumplirse apenas seis meses de la muerte atroz que ella diera á su infeliz esclava, Dios inexorable llamábala á cuentas el I5 de enero de I 565, sin que valieran á su induljencia las veinte mil misas que dejo ordenado se dijeran en favor de su alma réproba, porque en el fallo sin apelaci6n del pueblo y de las jeneraciones, doña Catalina de los Ríos vive todavía y vivirá eternamente suspendida por un cabello á las puertas del infierno.” [sic] (Vicuña Mackenna, 1884, p. 26-27)