La escritura de Benjamín Vicuña Mackenna fue tan variada como apasionada: biografías de héroes patrios, relatos de guerras, crónicas urbanas, estudios sobre agronomía, ensayos políticos y sociales, reflexiones sobre educación y economía. Tan vasta y heterogénea producción da cuenta no solo de una asombrosa capacidad de trabajo, sino también de una vocación total por intervenir en los destinos del país. Sus textos demuestran que concibió la palabra escrita, sobre todo, como una herramienta para impulsar reformas y proyectar una nación moderna.
Como intendente de Santiago, plasmó en libros y folletos su proyecto urbanístico, desde la remodelación del cerro Santa Lucía hasta la modernización de la ciudad. Como historiador, dejó obras abundantes en documentos y fuentes que reunió a lo largo de sus viajes por el mundo. Como intelectual inquieto y partícipe activo de las dinámicas y tensiones de su tiempo, no rehuyó ningún tema ni escatimó en recursos literarios con tal de involucrar a sus lectores. Como ciudadano comprometido, buscó democratizar el conocimiento e incidir en la opinión pública.
Como intendente de Santiago, plasmó en libros y folletos su proyecto urbanístico, desde la remodelación del cerro Santa Lucía hasta la modernización de la ciudad. Como historiador, dejó obras abundantes en documentos y fuentes que reunió a lo largo de sus viajes por el mundo. Como intelectual inquieto y partícipe activo de las dinámicas y tensiones de su tiempo, no rehuyó ningún tema ni escatimó en recursos literarios con tal de involucrar a sus lectores. Como ciudadano comprometido, buscó democratizar el conocimiento e incidir en la opinión pública.
Si bien su figura se conoce casi exclusivamente al alero de su marido, Benjamín Vicuña Mackenna (1831-1886), la información existente sobre la vida y actividades de Victoria Subercaseaux (1848-1931), aun siendo escasa, demuestra que fue una adelantada para su época.
Mujer ilustrada en diversas materias, lectora de gusto exquisito, animadora de tertulias en las que confrontaban ideas los más eminentes intelectuales y políticos, Victoria ejerció una influencia decisiva sobre la sociedad y la cultura chilenas de fines del siglo XIX. Pero también, a fuerza de gestiones personales, trabajo colaborativo y una tenacidad sin igual, logró movilizar voluntades y recursos para llevar adelante una serie de iniciativas que la consagraron como una importante agente política.
Mujer ilustrada en diversas materias, lectora de gusto exquisito, animadora de tertulias en las que confrontaban ideas los más eminentes intelectuales y políticos, Victoria ejerció una influencia decisiva sobre la sociedad y la cultura chilenas de fines del siglo XIX. Pero también, a fuerza de gestiones personales, trabajo colaborativo y una tenacidad sin igual, logró movilizar voluntades y recursos para llevar adelante una serie de iniciativas que la consagraron como una importante agente política.
Benjamín Vicuña Mackenna, quien fue nombrado Intendente de Santiago en 1872 por el Presidente liberal Federico Errázuriz Zañartu, tenía por funciones el gobierno y administración de la Provincia de Santiago, que por ese entonces comprendía a la ciudad-capital y a una serie de departamentos de carácter principalmente rural.
Asumió su nuevo cargo con gran entusiasmo. Quería transformar Santiago en "el París de América", idea que venía fraguando desde su juventud, cuando recorrió parte de Norteamérica y Europa durante sus años de exilio. Su objetivo era modernizar y regenerar la ciudad.
Realizó diversas diversas tareas de modernización que llevó a cabo durante su mandato, las que se pueden ver en los libros que publicó, en el registro fotográfico y la colección patrimonial que alberga el Museo Ciudadano Vicuña Mackenna.
Asumió su nuevo cargo con gran entusiasmo. Quería transformar Santiago en "el París de América", idea que venía fraguando desde su juventud, cuando recorrió parte de Norteamérica y Europa durante sus años de exilio. Su objetivo era modernizar y regenerar la ciudad.
Realizó diversas diversas tareas de modernización que llevó a cabo durante su mandato, las que se pueden ver en los libros que publicó, en el registro fotográfico y la colección patrimonial que alberga el Museo Ciudadano Vicuña Mackenna.
Durante la Guerra del Pacífico (1879-1883), Benjamín Vicuña Mackenna apoyó la causa chilena en contra de Bolivia y Perú desde su posición de senador, periodista e historiador.
En su faceta de periodista informó a la población sobre la contienda y el accionar de los soldados con publicaciones contemporáneas a los hechos. En El Mercurio de Valparaíso, El Nuevo Ferrocarril, La Patria, La Nación de Valparaíso, y en la revista Veintiuno de Mayo de Iquique, publicó noticias y documentos inéditos facilitados por testigos y combatientes traídos directamente desde el norte.
Publicó, además, una obra general que dividió en cuatro volúmenes, los cuales se agotaron en cuanto salieron a la venta (Vicuña Mackenna, 1881:8).
En su faceta de periodista informó a la población sobre la contienda y el accionar de los soldados con publicaciones contemporáneas a los hechos. En El Mercurio de Valparaíso, El Nuevo Ferrocarril, La Patria, La Nación de Valparaíso, y en la revista Veintiuno de Mayo de Iquique, publicó noticias y documentos inéditos facilitados por testigos y combatientes traídos directamente desde el norte.
Publicó, además, una obra general que dividió en cuatro volúmenes, los cuales se agotaron en cuanto salieron a la venta (Vicuña Mackenna, 1881:8).
Médicos de Antaño del Reino de Chile es una reseña histórica y crítica, escrita por Benjamín Vicuña Mackenna en 1877. Este libro, fuente casi inagotable de datos, anécdotas, detalles costumbristas y cotidianos, trata sobre la medicina durante la Colonia desde la fundación de Hospital del Socorro en 1556, hasta el establecimiento del Tribunal del Protomedicato en 27 de abril de 1830.
"Médicos de Antaño" se estructura en 10 capítulos, de más de 300 páginas en total. Los tres primeros tratan sobre el Hospital del Socorro, la medicina indígena, la ciencia médica de los europeos y los auxiliares de la ciencia médica, respectivamente.
"Médicos de Antaño" se estructura en 10 capítulos, de más de 300 páginas en total. Los tres primeros tratan sobre el Hospital del Socorro, la medicina indígena, la ciencia médica de los europeos y los auxiliares de la ciencia médica, respectivamente.
Desde niño, Benjamín Vicuña Mackenna escuchó relatos y fue protagonista de la escena política y cultural de Chile, pues nació en una familia de elite del siglo XIX, liberal e influyente en los destinos del país.
Su abuelo paterno Francisco Ramón Vicuña, ocupó durante tres meses el sillón presidencial; su abuelo materno Juan Mackenna O'Reilly, participó como general en la Independencia de Chile; y su padre Pedro Félix Vicuña, fue pionero en el periodismo, cofundador del diario más antiguo del país, El Mercurio de Valparaíso, además de intelectual, revolucionario y parlamentario.
Esta experiencia sirvió de ejemplo a Benjamín Vicuña para transformarse en periodista, político liberal e historiador.
Su abuelo paterno Francisco Ramón Vicuña, ocupó durante tres meses el sillón presidencial; su abuelo materno Juan Mackenna O'Reilly, participó como general en la Independencia de Chile; y su padre Pedro Félix Vicuña, fue pionero en el periodismo, cofundador del diario más antiguo del país, El Mercurio de Valparaíso, además de intelectual, revolucionario y parlamentario.
Esta experiencia sirvió de ejemplo a Benjamín Vicuña para transformarse en periodista, político liberal e historiador.
Durante la década de 1860, Vicuña Mackenna defendió activamente los principios del americanismo y criticó con fuerza la doctrina Monroe y la pasividad de Estados Unidos ante la anexión española de República Dominicana y la invasión francesa a México.
El rechazo a estas ocupaciones lo llevó a fundar en 1862 la Sociedad de la Unión Americana junto con otros intelectuales como José Victorino Lastarria, Miguel Luis Amunátegui, Domingo Santa María, Pedro León Gallo y los hermanos Manuel Antonio y Guillermo Matta. De carácter independiente al Gobierno, la Sociedad funcionó hasta 1867, con el declarado propósito de sostener la independencia de América y promover la unión de sus repúblicas.
El rechazo a estas ocupaciones lo llevó a fundar en 1862 la Sociedad de la Unión Americana junto con otros intelectuales como José Victorino Lastarria, Miguel Luis Amunátegui, Domingo Santa María, Pedro León Gallo y los hermanos Manuel Antonio y Guillermo Matta. De carácter independiente al Gobierno, la Sociedad funcionó hasta 1867, con el declarado propósito de sostener la independencia de América y promover la unión de sus repúblicas.
Benjamín Vicuña Mackenna fue una persona multifacética: historiador, político liberal, periodista, intendente, parlamentario, candidato a la Presidencia de la República, viajero, literato, crítico y bombero. Durante su vida, luchó por las libertades cívicas y el progreso del país.
En parte de su Casa Quinta se encuentra hoy el Museo Ciudadano Vicuña Mackenna, que alberga gran parte de su obra bibliográfica, junto a una colección de objetos únicos que le pertenecieron a él y a su familia: pinturas, esculturas, muebles, manuscritos, fotografías, vestimentas y utensilios de uso doméstico.
Nació en Santiago el 25 de agosto de 1831. Descendiente de importantes miembros de la elite nacional, como su abuelo materno Juan Mackenna O´Reilly, general del Ejército en la independencia chilena, y su abuelo paterno, Francisco Ramón Vicuña Larraín, Presidente de la República (interino) entre julio y octubre de1829. Se casó con su prima Victoria Subercaseaux, con quien tuvo ocho hijos.
En parte de su Casa Quinta se encuentra hoy el Museo Ciudadano Vicuña Mackenna, que alberga gran parte de su obra bibliográfica, junto a una colección de objetos únicos que le pertenecieron a él y a su familia: pinturas, esculturas, muebles, manuscritos, fotografías, vestimentas y utensilios de uso doméstico.
Nació en Santiago el 25 de agosto de 1831. Descendiente de importantes miembros de la elite nacional, como su abuelo materno Juan Mackenna O´Reilly, general del Ejército en la independencia chilena, y su abuelo paterno, Francisco Ramón Vicuña Larraín, Presidente de la República (interino) entre julio y octubre de1829. Se casó con su prima Victoria Subercaseaux, con quien tuvo ocho hijos.
Los destierros sufridos marcaron para siempre a Vicuña Mackenna, pues originaron las grandes preguntas y acciones que estimularon su labor política e intelectual los años siguientes.
Su oficio de historiador se fraguó a lo largo de esta década en la que recopiló documentos, y escribió al calor de los hechos los acontecimientos que consideró dignos de la memoria republicana, como la Guerra del Pacífico.
Sus artículos periodísticos y diarios personales dieron cuenta de las múltiples preocupaciones que lo aquejaron, entre ellas la agricultura, las finanzas, el desarrollo urbano, las migraciones y el transporte.
La escritura historiográfica fue su medio predilecto para comunicar sus reflexiones. Auxiliado por cuatro escribientes, recorrió los archivos en busca de documentos vinculados a la emancipación chilena y sus primeras contiendas civiles.
Su oficio de historiador se fraguó a lo largo de esta década en la que recopiló documentos, y escribió al calor de los hechos los acontecimientos que consideró dignos de la memoria republicana, como la Guerra del Pacífico.
Sus artículos periodísticos y diarios personales dieron cuenta de las múltiples preocupaciones que lo aquejaron, entre ellas la agricultura, las finanzas, el desarrollo urbano, las migraciones y el transporte.
La escritura historiográfica fue su medio predilecto para comunicar sus reflexiones. Auxiliado por cuatro escribientes, recorrió los archivos en busca de documentos vinculados a la emancipación chilena y sus primeras contiendas civiles.
La juventud de Benjamín Vicuña Mackenna se caracterizó por la fuerte impronta que dejó en él su padre, Pedro Félix Vicuña, de quien heredó el gusto por la lectura, la escritura y el periodismo, además de un marcado interés por la política. A sus 18 años, Vicuña Mackenna ya se mostraba como un joven de profundas convicciones liberales, que no temía expresar públicamente su oposición al régimen conservador que gobernaba el país desde 1831, hecho que le valió más de una controversia pública durante sus años de estudiante.
Una juventud bajo el fragor revolucionario y prácticas conspirativas, dos rebeliones y dos exilios vivió Vicuña Mackenna antes de integrarse formalmente, con 33 años en el cuerpo, a la actividad política de la República. A partir de entonces, y casi sin interrupciones hasta los últimos meses de su vida –primero como diputado (1864-1870 y 1873-1876) y luego como senador (1876-1885)–, el Congreso Nacional fue la plataforma definitiva desde la cual intentó guiar al país por la senda de sus ideales.
Durante todos estos años de actividad parlamentaria –entre los cuales se desliza, además, una fallida candidatura para ocupar el sillón presidencial–, sus acciones e intervenciones fueron celebradas por el estilo magnífico de su oratoria y por el excepcional bagaje histórico de que siempre dio muestras. En ellas, de marcado sello liberal y nacionalista, se recogieron los idearios socioculturales en avanzada durante la segunda mitad de la centuria.
Durante todos estos años de actividad parlamentaria –entre los cuales se desliza, además, una fallida candidatura para ocupar el sillón presidencial–, sus acciones e intervenciones fueron celebradas por el estilo magnífico de su oratoria y por el excepcional bagaje histórico de que siempre dio muestras. En ellas, de marcado sello liberal y nacionalista, se recogieron los idearios socioculturales en avanzada durante la segunda mitad de la centuria.
El cerro Santa Lucía, ubicado en pleno centro de Santiago, ha sido testigo de los cambios que ha tenido la ciudad a lo largo de su historia. Durante siglos, distintos grupos lo han utilizado para las más variadas funciones: originalmente, los pueblos prehispánicos lo llamaron "Huelén" y lo consideraron como un sitio sagrado; a fines del siglo XIX, se convirtió en uno de los más populares paseos públicos de los santiaguinos; hoy, recibe a miles de turistas nacionales y extranjeros, quienes recorren con entusiasmo esta atracción imperdible dentro del circuito capitalino. Además, a este lugar se asocia un momento crucial en la historia de la ciudad: nada menos que el de su fundación en 1541, cuando Pedro de Valdivia y sus huestes dieron al cerro su nombre actual.
Como sea, la creación del paseo Santa Lucía representa, por sí misma, un hito significativo dentro de la historia de Santiago, pues fue uno de los proyectos emblemáticos del proceso de transformación urbana liderado por el intendente Benjamín Vicuña Mackenna en la segunda mitad del siglo XIX. Gracias a su iniciativa, el cerro –hasta entonces un inhóspito peñón rocoso– se convirtió en un espacio público dotado de senderos, jardines y esculturas traídas especialmente de Europa, prototipo de la ciudad limpia, bella y civilizada que imaginó.
Como sea, la creación del paseo Santa Lucía representa, por sí misma, un hito significativo dentro de la historia de Santiago, pues fue uno de los proyectos emblemáticos del proceso de transformación urbana liderado por el intendente Benjamín Vicuña Mackenna en la segunda mitad del siglo XIX. Gracias a su iniciativa, el cerro –hasta entonces un inhóspito peñón rocoso– se convirtió en un espacio público dotado de senderos, jardines y esculturas traídas especialmente de Europa, prototipo de la ciudad limpia, bella y civilizada que imaginó.
Benjamín Vicuña Mackenna postuló a la Presidencia de la República en 1876. Y aunque retiró su candidatura antes de los comicios, desarrolló una inédita contienda electoral llamada "Campaña de los Pueblos".
El entusiasmo que generó su candidatura era algo nuevo que nunca se había experimentado en el país: realizó desfiles públicos, meetings, concentraciones con miles de asistentes y concurridos banquetes con personas de sectores populares y clase media.
Pero la candidatura del ex Intendente no era del agrado del Ejecutivo, que fomentó la violencia política y desarrolló una abierta intervención electoral en los comicios municipales y parlamentarios de 1876.
Vicuña Mackenna combatió estas prácticas, pero finalmente fue forzado a renunciar y llamó a la abstención en los comicios, en que resultó electo el candidato oficialista Aníbal Pinto.
El entusiasmo que generó su candidatura era algo nuevo que nunca se había experimentado en el país: realizó desfiles públicos, meetings, concentraciones con miles de asistentes y concurridos banquetes con personas de sectores populares y clase media.
Pero la candidatura del ex Intendente no era del agrado del Ejecutivo, que fomentó la violencia política y desarrolló una abierta intervención electoral en los comicios municipales y parlamentarios de 1876.
Vicuña Mackenna combatió estas prácticas, pero finalmente fue forzado a renunciar y llamó a la abstención en los comicios, en que resultó electo el candidato oficialista Aníbal Pinto.
Desde la Colonia, los santiaguinos obtenían agua para consumo doméstico por medio de tres vías: sacándola de pilas públicas, comprándola a los vendedores ambulantes –más conocidos como «aguateros»– o recogiéndola de sus propios pozos, en el caso de las familias acomodadas. Pese a algunos contratiempos, estas formas de abastecimiento funcionaron sin mayor alteración hasta el primer tercio del siglo XIX.
Hacia 1850, sin embargo, una prolongada sequía y el aumento demográfico hicieron que este bien comenzara a escasear, generando dificultades cada vez más serias para la población. Entre ellas, las insalubres condiciones en que vivían las clases populares –en gran parte, debido a la falta de agua– favorecieron la rápida propagación de epidemias, las que se intensificaron a partir de la década de 1860.
Para solucionar el problema –que afectaba también el riego de los predios agrícolas que proveían de frutas y verduras a los santiaguinos–, las autoridades municipales resolvieron adquirir la Empresa de Agua Potable y poner en marcha un conjunto de medidas tendientes a ampliar este servicio y optimizar su uso. El principal impulsor de estas iniciativas fue Benjamín Vicuña Mackenna, intendente de la capital entre 1872 y 1875, quien durante su gestión proyectó y ejecutó una serie de obras públicas que cambiaron por completo la cara de la capital.
Hacia 1850, sin embargo, una prolongada sequía y el aumento demográfico hicieron que este bien comenzara a escasear, generando dificultades cada vez más serias para la población. Entre ellas, las insalubres condiciones en que vivían las clases populares –en gran parte, debido a la falta de agua– favorecieron la rápida propagación de epidemias, las que se intensificaron a partir de la década de 1860.
Para solucionar el problema –que afectaba también el riego de los predios agrícolas que proveían de frutas y verduras a los santiaguinos–, las autoridades municipales resolvieron adquirir la Empresa de Agua Potable y poner en marcha un conjunto de medidas tendientes a ampliar este servicio y optimizar su uso. El principal impulsor de estas iniciativas fue Benjamín Vicuña Mackenna, intendente de la capital entre 1872 y 1875, quien durante su gestión proyectó y ejecutó una serie de obras públicas que cambiaron por completo la cara de la capital.
En 1859 Benjamín Vicuña Mackenna comenzaba su destierro. La barca inglesa Luisa Braginton, era el nombre de la prisión flotante que albergaba a los exiliados de la llamada "Revolución del Colihue". En una fría mañana de marzo, oyeron los tripulantes el grito "¡Tierra!, ¡Tierra!".
Estaba a la vista el archipiélago de Juan Fernández, "la isla misteriosa i querida de todos, que fué en la infancia el asiento de la primera emoción [...] de la primera lágrima, la tierra de Robinsón Crusoe i sus mil leyendas, fantasías y recuerdos" (Vicuña Mackenna, 1833: p.11).
Vicuña Mackenna se sentía atraído por "la historia de ese peñón azotado por las olas del Pacífico, nido de piratas, plaza de guerra, hogar de desterrados, y, por encima de todo ello, escenario probable de más extraña y peregrina aventura" (Donoso, 1925: p.465)
Desde entonces Vicuña Mackenna se hizo el propósito de escribir algún día la historia verdadera de la isla. Durante veinticuatro años estuvo recopilando datos y documentos, escribiendo y redactando borradores, hasta que en 1883 publicó el libro Juan Fernández: historia verdadera de la isla de Robinson Crusoe por Benjamín Vicuña Mackenna.
Estaba a la vista el archipiélago de Juan Fernández, "la isla misteriosa i querida de todos, que fué en la infancia el asiento de la primera emoción [...] de la primera lágrima, la tierra de Robinsón Crusoe i sus mil leyendas, fantasías y recuerdos" (Vicuña Mackenna, 1833: p.11).
Vicuña Mackenna se sentía atraído por "la historia de ese peñón azotado por las olas del Pacífico, nido de piratas, plaza de guerra, hogar de desterrados, y, por encima de todo ello, escenario probable de más extraña y peregrina aventura" (Donoso, 1925: p.465)
Desde entonces Vicuña Mackenna se hizo el propósito de escribir algún día la historia verdadera de la isla. Durante veinticuatro años estuvo recopilando datos y documentos, escribiendo y redactando borradores, hasta que en 1883 publicó el libro Juan Fernández: historia verdadera de la isla de Robinson Crusoe por Benjamín Vicuña Mackenna.









